miércoles, 24 de abril de 2019

JUAN MOLLÁ EN POETAS EN EL ATENEO


Esplendor


Qué esplendor, el del cuerpo desnudo
en los tibios espejos de la noche.

Brazos abiertos con las manos llenas
de pétalos que brotan.

Piernas que elevan hacia la cintura
de palmera o arena
el vuelo de los pájaros del alba
desde los pies alados.

Tierna espalda que vibra
bajo las yemas lentas de los dedos
que pulsan sus desiertos dulcemente
hasta el cubil callado de la música.

Cuerpo desnudo, único centro
de la absoluta perfección de ser
sin tiempo, sin envés, sin amenaza.
Cuerpo inmortal donde discurre
la caricia sin cauces.

Oh, cuerpo eterno, instante florecido.
Urgente todavía, eternamente ya,
final perenne.

Dame a beber tu luz y deja que me duerma
penetrando en tu espacio de sueño para siempre.

(de “El jardín sin límites”)

martes, 23 de abril de 2019

VICENTE BARBERÁ ALBALAT: DESPUÉS DEL AMOR



AUSENCIA

… a lo absoluto se llega por la desposesión, por el ascetismo, y hay que ir dejando quereres…
GONZALO ROJAS

Entro en mi casa (que fue nuestra).

Sillas y armarios solos,
en cuya soledad
vieja como el silencio, me reciben.
Parece que me hablen y no entiendo
su acento reposado.
Unos y otros me ven
no sé desde qué olvido.

Unas fotos encima de la cómoda,
enigma de impresencia,
y la cama vacía
que parece mirarme consternada
dejando un abandono
intenso de ternura.

Me asomo al mirador
y observo un atrevido mirlo.
Empieza a terminar la tarde
y pienso que la vida
se diluye a lo lejos.
El calor que aún desprende nuestro hogar
con sus últimas brasas
se pierde entre las grietas del recuerdo.

¡Cuántos atardeceres contienen su ceniza!

Parece
que llamen a la puerta.
Me asomo al quicio.
Un golpe de aire solitario
me saluda.

Con la luz de una vela
camino al lado de mi sombra.
La soledad, mi piel, manchas en la pared,
mis sentidos despiertan.

¡Solo!

Hace tiempo que espero tu regreso.
(Después del amor, Olélibros, 2018)



lunes, 22 de abril de 2019

JUAN MOLLÁ EN POETAS EN EL ATENEO, EL 25-04-19 A LAS 19:00



Jardín o selva

Jardín o selva, o mapa
a escala natural, o laberinto
sin principio ni fin,
desierto o erial o páramo o estepa
o parque o bosque o selva
o edén, o selva, o jungla,
donde buscar caminos de salida,
de salvación, de libertad; calveros
de paz, raros hallazgos
de manantiales vírgenes, o pájaros de fuego,
o tigres, o serpientes,
o abismos, o senderos que llevan hasta el mar,
o restos de prehistoria o de huellas perdidas,
hachas, cuchillos, dardos
silbando por los aires,
salvajes escondidos, selva, selva,
jardín, edén, o patria, o continente
por conquistar, o bosque sin salida,
sin salvación, sin límites, la vida
extendiendo sus frondas, sus raíces,
sus ramajes, sus trampas, sus olvidos,
sus recuerdos, sus muertos, sus amigos
perdidos,
sus sueños ya imposibles o borrados,
y la felicidad eternamente muda,
y el silencio y la sombra y la bruma y la noche.
Jardín o selva donde abrirse paso
indefinidamente, hacia el comienzo,
hacia el trasfondo azul,
hacia el jardín primero.

Jardín primero.

O selva.

 (de El jardín sin límites)

domingo, 21 de abril de 2019

JOSÉ LUIS GARCÍA HERRERA


JOSÉ LUIS GARCÍA HERRERA

No recuerdo cómo fue pese al poco tiempo transcurrido. Hace unos dos meses me enteré casualmente de unos premios de poesía no sé si en Almazora o Villarreal y que un premiado era un tal José Luis García Herrera. Lo vi, creo, en Internet y me resultó curioso tal vez porque soy de Castellón, y Almazora y Villarreal tienen para mí connotaciones especiales. En el hospital de Villarreal, llamado de la Plana, falleció mi madre casi centenaria hace unos pocos años. Total que se me ocurrió buscar al autor en Wikipedia y me quedé asombrado por la cantidad de libros publicados y de premios obtenidos: unos 30. Y cuando vi sus datos compruebo que es un poeta joven. No sé cómo conseguí su correo y se me ocurrió felicitarle por el premio obtenido y me contestó. No suelo hacerlo, pero lo comenté con mis amigos de EL LIMONERO DE HOMERO y resultaba que Blas lo conocía y que incluso le había prologado un libro. Me pareció una casualidad. Resulta que en la respuesta a mi felicitación me ofrece un libro. Acepto y me remite dos: La semilla del óxido, Premio Miguel Hernández de la Comunidad Valenciana 2017, y El lento abandono de la luz en la sombra, XXIII Premio Otoño-Villa de Chiva 2013. Dos joyas que le agradezco infinitamente. Ya estoy en la segunda lectura y su poesía me ha resultado sumamente interesante por su calidad, sus metáforas, su estilo y ese mensaje subliminal que debe tener el arte para captar tus sentimientos y hacerte gozar en este caso de su lectura. Son dos libros dedicados que guardaré en mi biblioteca poética que últimamente se me está quedando pequeña.
            José Luis es un poeta distinto y su poesía es un continuo mensaje que en el caso de los dos libros citados parte de una de una reflexión sobre la vida como camino y angustia hacia la noche definitiva en la que todos habitaremos el mundo de la nada. Dejar alguna huella puede ser una solución aunque probablemente no sirva.
            Abandonándome a mis sensaciones y siguiendo al pie de la letra algunos de los versos de José Luis sabemos que el poeta cree que la noche llega para hablar de la muerte y que escribe para atrapar su nombre entre las páginas como recurso a no perder poemas escritos en el frío y en el silencio. Todo está escrito en los pasillos de la sangre y la vida se va como arena de mar que ahoga con sus olas teñidas de gritos y lamentos. El día será corto porque duele la ausencia del sol que invade la memoria del olvido y el poeta es un huésped más de las tinieblas. La noche y su silencio son  las palabras hundidas en el mar de los adioses. La vida no será sin que tú vivas y así escribe en el apeadero de los sueños rotos para no morir en los amaneceres de la nada, de una vida sobre el páramo agreste de todos los silencios. Dios desgarras las cinchas de la carne. En la memoria del poeta muere y a Dios le pide todo menos la ausencia. Un sueño que solo existe en las cartas que nunca escribió.
            Por fin, la inmortalidad llegará sobre los páramos de un papel cualquiera que es una necesidad y un privilegio y así será inmortal porque sus poemas resonarán de boca en boca y viajarán sobre el aliento del viento para siempre.
            Unos poemas en versos y otros en prosa poética en un alarde de adjetivación creativa y eficiente que trasciende. La enhorabuena.

CARBÓN (poema de José Luis)

Existe el carbón bajo las espigas. El llanto negro de la niña ciega me persigue. En su tristeza esconde la luz el mar de mis miserias. Dejé en sus manos un pedazo de chocolate y una onza de misericordia. Corrí hacia el final de la calle para oírla. Huí como el cobarde que teme rendirse ante el dolor ajeno. Ella sigue llorando sobre las flores de la noche. Yo sigo envileciéndome bajo el manto de todas mis derrotas. Mi corazón amanece oscuro bajo el temblor de sus labios pronunciando mi nombre contra le viento negro de las despedidas. Existe el carbón. Como el invierno.

sábado, 20 de abril de 2019

JUAN MOLLÁ EN POETAS EN EL ATENEO, EL 25-04-19 A LAS 19:00



Querido amigo JUAN:
    Permite que me emocione al leer este extraordinario poema tan sencillo como perfecto en su forma y contenido. Aunque en la época que evocas yo vivía en Castellón, sí fui testigo de lo que narras y de cómo mi padre me advertía de los peligros y sufrimientos de la Guerra Civil. Gracias por recordármelo y por emocionarme. Será un placer compartir contigo unas horas en el Ateneo.

Habitación

En esta habitación varada
donde ya tantas veces has dormido.
En esta habitación donde el instante
se pierde en la resaca del recuerdo
en un rumor constante de oleaje.
En esta misma habitación vas a empezar de nuevo.

Su terraza se asoma sobre la plaza umbrosa
de Rodrigo Botet que conoció tu infancia.
Hasta ti llegan voces de muchachos
que aprenden a cantar extraños himnos,
el Cara al Sol, Prietas las filas, niños
que se prueban camisas, correajes,
y que marcan el paso torpemente
bajo la sombra fresca de los plátanos,
mientras tú los observas desde fuera,
detrás de las esquinas,
una clara mañana de abril recién vencido,
tras el rumor de los soldados rotos
que regresan del frente.

Llega el olor de pólvora
y del azahar de mayo.
Llega la luz hiriente de la playa de entonces,
de la roja sandía, verde como la noche,
que cruje cuando el duro cuchillo la apuñala.
Llega el clamor azul de las campanas,
el estruendo
de las detonaciones y las bandas de música,
disparos y alaridos.

En esta habitación de hotel, sobre la plaza
donde en las noches broncas del verano
disputan prostitutas y borrachos,
en este cuarto del Hotel Astoria,
con bullicio de bodas y toreros,
te cercan las catástrofes de ríos
que se desbordan,
grandes avenidas
que inundan las ciudades,
sumergen los naranjos
bajo las aguas rojas
entre gritos de gentes desvalidas,
muros que se derrumban,
bombardeos
y procesiones que maceran
las alfombras de pétalos de rosas.
En esta habitación hay restos de naufragio,
memorias de los patios del colegio
donde hoy crecen ortigas,
cartas de amigos muertos y de novias
infantiles y de supervivientes.
Y te preguntas si eres uno de ellos.

Desde esta habitación divisas viejos barrios
ya desaparecidos, casas donde viviste,
jardines que gozaste.
Ves el mar, las palmeras que levantan
su esplendor hacia el sol y los magnolios,
los limoneros, los jazmines.
Divisas los tranvías amarillos y azules
que afilan los raíles
chirriantes de tu viva adolescencia,
las velas de los barcos que se alejan,
el puerto, las banderas, los castillos
de fuegos de colores.

Desde esta habitación se ve tu vida
y ves que está fundada en las arenas
y en el aire de un mar que te ha amasado
y llega hasta esta plaza donde ahora, de pronto, resucitas.
(de Poemas mediterráneos)