viernes, 11 de enero de 2019

VICENTE BARBERÁ ALBALAT: VERÁS, AMOR





VERÁS, AMOR

              I

… Esta mañana,
cuando repose el sol en las ortigas,
yo bajaré a la rambla, que me espera,
a recorrer su lecho.
Jugaré con los cantos que tanto te gustaban,
los lanzaré hacia el aire
buscando en el espacio tu imaginado cuerpo.
Las arañas, las plantas y los pájaros,
lo mismo que el pastor y el segador de trigo,
me observarán despacio
Yo seguiré jugando
porque en aquellos juegos,
sobre todo en verano, en el anochecer,
rozaban nuestros labios
aquellos casi besos
que el miedo nos negaba.

(Vicente Barberá Albalat, en Después del amor, Olélibros, 2018).

jueves, 10 de enero de 2019

FERNANDO DELGADO EN POETAS EN EL ATENEO, EL VIERNES 25-01-19




            REGALO DE VERDI
                              
De Viena fui a Salzburgo en un tren.
Y fui con Verdi.
Y él se empeñó en mostrarme, 
de una ciudad a otra,
una música hecha sólo con la mirada,
en ver cómo una nube tan negra y tan oscura,
que contemplábamos ahora tras el cristal del tren,
caía con más fuerza
sobre un agitado pentagrama
que un trueno estrepitoso.
Me invitaba el artista
a mirar esas hojas difuntas del otoño
arribar a la tierra y, en su leve
reposo del final,
dar una nota suave para acabar un canto
que no tiene sonido.
Trompetas son los pájaros
que no trinan y van
de un lado para otro en el paisaje,
me decía aquel genio.
Como instrumentos de aire
que buscan en la vida las notas de la muerte,
sin que se escuche nada.

Y fue al fin el chirrido
del tren el que rompió
el silencio en que hicimos
el viaje hasta Salzburgo
para encontrar allí
el réquiem silencioso
que Verdi me hizo ver.
Callaba la ciudad y por sus piedras
se deslizaba el agua de la lluvia
como una melodía que intentara
sustituir las cuerdas de un violín
que no se oía.
Y al fin, los árboles,
moviéndose con viento silencioso, 
un aire que se ve pero no ruge,
pidieron el descanso para quienes
cerramos nuestros ojos
y empezamos a oír,
de pronto, en otro mundo,
el grito de perdón
de una voz escapada
del silencio de vivos
para que nuestro último reposo
fuera música
y la luz esta vez viniera de una trompa
o de un fagot que nos trajera, ronco,
en partitura exacta,
nuestro descanso eterno.

Le agradecí al compositor
que de mí se ocupara
para hacerme feliz,
ahora que, muerto ya,
sé que descanso en paz
porque su música
no me deja dormir.
Jamás pensé que un réquiem
me trajera a la muerte
el dulzor de la vida
y que fuera una fiesta oír un Kyrie
resonando en las bóvedas
del panteón que habito,
tan desvelado para siempre,
libre ya de pedir perdón por nada.

miércoles, 9 de enero de 2019

VICENTE BARBERÁ: MUJER DE FUEGO Y AGUA




MUJER DE FUEGO Y AGUA

Sólo eres verdad en el silencio.
GAMONEDA

Sólo por un instante apenas, esta noche
te quedarás conmigo, mujer de fuego y agua.

Cuando en la rambla luego me despierte cansado,
todo habrá sido nieve y en el roble, dolido,
no verteré más lágrimas. Dame al menos tu risa,
roca de fuego y llanto, para que en cada sueño
vuelo de vida y aire, pueda siempre tenerte.

Mujer de fuego y agua que emerges de la arena
en tus labios reposan rosas y mariposas
libándote mi beso, mientras lejos el búho
con sus ojos desvía el silbo de mi noche.

Cuando la dicha vuelva con su desdén sereno
me hallarás en un canto bebiendo miel amarga
de la endeble cosecha de nuestro amor perdido
sin luz y en la negrura que dejó tu partida.

Cuando la tarde añil se asome a mi tejado
la seda de las sábanas, que cubrieron el vértigo,
me negará la fronda de tu cuerpo anhelado
mientras lejos, la luna, se perderá en la rambla.

Mujer de fuego y agua eras sólo el augurio
de las cosas perdidas que nunca amanecieron.
Sólo fueron puñales en mi costado herido.

(Vicente Barberá Albalat en Después del amor, Olélibros, 2018)

martes, 8 de enero de 2019

FERNANDO DEGADO EN POETAS EN EL ATENEO



           DE "PROCESO DE ADIVINACIONES"  (1981)   

                       LA OFRENDA OCULTA
                       Retablo de ex votos           
            
    Tal cantidad de ex votos constituye
    una insólita revelación de prestigio
    en este tiempo escaso de milagros.
    Mirad, si no, el abrumante acopio
    de figuras de cera y ofrendas prodigiosas:
    unas viejas muletas de quien ahora anda con pie propio
    o los ojos de vidrio que dan cuenta
    de la visión recuperada.
    O, en plata repujada, el miembro viril de un niño.

    La cera y los metales y las bellas maderas ennoblecen
    al cuerpo fragmentado y a sus símbolos.
    Es fácil entender por esto, acaso,
    la complacencia que en tus ojos brilla.
    No la avaricia que quien celos siente
    de tesoros tan propios te atribuye.
    Vistas las causas en ingenuos relatos, además objetivos,
    nadie podrá desmerecer tu gloria,
    restar importancia al ejercicio
    de tu fuerza remota, tu poder o influencia,
    jactándose tal vez de un buen conocimiento
    de maneras de obrar interesadas.
    Otra cosa es que al hombre no le baste el milagro
    y base en tal razón todo afán de recuerdo.
    O quién sabe si aspiras con estos testimonios
    a infundir el temor en todo miembro sano.

    Has de saber que cualquier miembro teme
    convertirse en escoria,
    pero les da esperanza saber que en plata o cera
    podrán recuperarse agradecidos.
    Así lo testimonian unos hermosos pechos
    que en calor de liturgia derriten sus pezones,
    perfumados de incienso en blando estío.

    Mas hay algunos miembros que temen no encontrarse
    jamás en tu retablo.
    Por eso quienes traen sus ocultas ofrendas, te suplican
    que las arcas secretas
    acojan en su seno las formas excitantes
    de los miembros rotundos.
    Admitirás quizá
    cualquier posible indulto de visión
    de las fálicas formas,
    pues según los dictámenes de la moral al uso,
    cumplieron la sentencia de función clandestina.
    Y bastó un argumento en la condena:
    cualquier miembro al crecer
    deja atrás su inocencia.

lunes, 7 de enero de 2019

VICENTE BARBERÁ ALBALAT: DESPUÉS DEL AMOR

Khajuraho: exterior de uno de los templos eróticos de la dinastía Chandela.

LEJOS DE KHAJURAHO

Los veranos, la música, las eras,
los rincones abiertos de las casas
eran la escapatoria permitida.

Luego la negra luz de los candiles
que abría el apetito contenido,
en viva carne,
a lo que desbrozado nunca fuera.

Sumidos en la necia castidad
éramos ascuas encendidas.
Solo un beso furtivo sin apenas mirarnos,
sin espacio ni noche.

Y en la cama, aliagas y cilicios,
puñales entre sábanas
herían nuestra piel hasta el amanecer.

(Vicente Barberá, Después del amor, Olélibros)