Khajuraho: exterior de uno de los templos eróticos de la dinastía Chandela. |
LEJOS DE KHAJURAHO
Los veranos, la música, las eras,
los rincones abiertos de las casas
eran la escapatoria permitida.
Luego la negra luz de los candiles
que abría el apetito contenido,
que abría el apetito contenido,
en viva carne,
a lo que desbrozado nunca fuera.
a lo que desbrozado nunca fuera.
Sumidos en la necia castidad
éramos ascuas encendidas.
Solo un beso furtivo sin apenas mirarnos,
sin espacio ni noche.
éramos ascuas encendidas.
Solo un beso furtivo sin apenas mirarnos,
sin espacio ni noche.
Y en la cama, aliagas y cilicios,
puñales entre sábanas
herían nuestra piel hasta el amanecer.
puñales entre sábanas
herían nuestra piel hasta el amanecer.
(Vicente Barberá, Después del amor, Olélibros)
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