sábado, 20 de abril de 2019

JUAN MOLLÁ EN POETAS EN EL ATENEO, EL 25-04-19 A LAS 19:00



Querido amigo JUAN:
    Permite que me emocione al leer este extraordinario poema tan sencillo como perfecto en su forma y contenido. Aunque en la época que evocas yo vivía en Castellón, sí fui testigo de lo que narras y de cómo mi padre me advertía de los peligros y sufrimientos de la Guerra Civil. Gracias por recordármelo y por emocionarme. Será un placer compartir contigo unas horas en el Ateneo.

Habitación

En esta habitación varada
donde ya tantas veces has dormido.
En esta habitación donde el instante
se pierde en la resaca del recuerdo
en un rumor constante de oleaje.
En esta misma habitación vas a empezar de nuevo.

Su terraza se asoma sobre la plaza umbrosa
de Rodrigo Botet que conoció tu infancia.
Hasta ti llegan voces de muchachos
que aprenden a cantar extraños himnos,
el Cara al Sol, Prietas las filas, niños
que se prueban camisas, correajes,
y que marcan el paso torpemente
bajo la sombra fresca de los plátanos,
mientras tú los observas desde fuera,
detrás de las esquinas,
una clara mañana de abril recién vencido,
tras el rumor de los soldados rotos
que regresan del frente.

Llega el olor de pólvora
y del azahar de mayo.
Llega la luz hiriente de la playa de entonces,
de la roja sandía, verde como la noche,
que cruje cuando el duro cuchillo la apuñala.
Llega el clamor azul de las campanas,
el estruendo
de las detonaciones y las bandas de música,
disparos y alaridos.

En esta habitación de hotel, sobre la plaza
donde en las noches broncas del verano
disputan prostitutas y borrachos,
en este cuarto del Hotel Astoria,
con bullicio de bodas y toreros,
te cercan las catástrofes de ríos
que se desbordan,
grandes avenidas
que inundan las ciudades,
sumergen los naranjos
bajo las aguas rojas
entre gritos de gentes desvalidas,
muros que se derrumban,
bombardeos
y procesiones que maceran
las alfombras de pétalos de rosas.
En esta habitación hay restos de naufragio,
memorias de los patios del colegio
donde hoy crecen ortigas,
cartas de amigos muertos y de novias
infantiles y de supervivientes.
Y te preguntas si eres uno de ellos.

Desde esta habitación divisas viejos barrios
ya desaparecidos, casas donde viviste,
jardines que gozaste.
Ves el mar, las palmeras que levantan
su esplendor hacia el sol y los magnolios,
los limoneros, los jazmines.
Divisas los tranvías amarillos y azules
que afilan los raíles
chirriantes de tu viva adolescencia,
las velas de los barcos que se alejan,
el puerto, las banderas, los castillos
de fuegos de colores.

Desde esta habitación se ve tu vida
y ves que está fundada en las arenas
y en el aire de un mar que te ha amasado
y llega hasta esta plaza donde ahora, de pronto, resucitas.
(de Poemas mediterráneos)

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