sábado, 30 de mayo de 2020

VERÁS, AMOR:


“Ahora mi vida es placentera. Como el paisaje visto desde un avión a diez mil metros de altura. Nada me afecta. Ni siquiera los recuerdos, si duelen, es que no son recuerdos, son presente.” Así pensaba uno de los personajes de “El despertar”, de De entre las ruinas, escrito por Jaime Alejandre. Y de eso se trata, de que la vida sea placentera; de que la tristeza no embargue nuestros pensamientos; de que, en suma, lo agradable esté siempre a nuestro lado, a mano, para que podamos en cualquier momento disponer de él. Y eso, lo agradable, puede ser tantas cosas… La música, la pintura, viajar, leer, conversar, escribir, pasear, bailar… Vivir en presente, siempre.
            ¿Cuál es, pues, el problema? ¿Por qué la gente no se siente bien, por qué sufre, por qué se suicida, por qué no utiliza alguno de los medios para disfrutar teniéndolos a su alcance? Obviamente primum vivere —haciendo hincapié solo en la primera parte de  la conocida sentencia de Aristóteles— , pero después…?
            Si sirve la poesía permitidme que os salude con este poema:

V
… Ese color de vida que es azul
como si fuera el cielo de la rambla.
Ese brillo de sol que luce en tu mirada.
Ese rayo de luz
que los bordes altera de la sombra
y que tus labios besan cuando el aire
estremece las hojas de mi roble.
Esa lluvia que riega tus oídos
suavizando los óxidos nocturnos.
Ese tiempo marrón del terraplén
que invoca la presencia de lo nuestro.
Esa simple caricia de tus ojos
cuando roza el sonido del verano
sobre adelfas, romero y amapolas.
Esa mota sutil que el aire posa
sobre tu blusa ansiosa de caricias.
Esa hormiga tozuda que pasea
sobre la piel herida de la vida.
Esa muerte que nunca dice nada,
aunque a veces pretende congraciarnos
con el secreto oculto de la nada.
Ese libro esperando que tus dedos
descubran la aventura de la historia.
Ese niño que deja de llorar
si su madre lo abraza con dulzura...
Así es, amor, la vida y la nostalgia:
la urdimbre de la tela de una araña.
Yo seguiré buscando el beso ardiente
de aquella tarde súbita
que sigue siendo nuestra para siempre.

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