martes, 22 de mayo de 2018

VIRGILIO FUERO, EN EL CASINO DE AGRICULTURA MAÑANA JUEVES A LAS 19:00



DOS GOTAS DE AGUA

Estás junto a la puerta de mi olvido         
y de nuevo, tu rostro. Son tus ojos,   
tus labios, tus cabellos y tus guiños.    

Pero no eres tú, tiempo gozoso,             
fuente añorada de agua fina y fresca       
que tantas veces fue ósculo de oro.           

Y así dos rotas lágrimas me dejan,         
como rostro de lluvia triste y fría,             
el recuerdo de viejas tardes tiernas.       

Tardes de abrazos, besos y sonrisas,       
melodías bailadas sin palabras          
y sueños que se fueron con la brisa.          

Todo pasa y lo nuestro se esfumaba      
como la bruma oscura del paisaje         
perdido en nuestras playas olvidadas.            

Yo supe que era tu hija y pensé en ti,        
no me sentí capaz de presentarme     
y medité a solas para mí:

Me gustaría dieras a tu madre
un beso de los muchos que le di.

JOAQUÍN RIÑÓN REY, HOY EN LA SGAE A LAS 19:00

JOAQUÍN RIÑÓN RECITANDO EN VILLAMANRIQUE


MUERTE EN LA MALVARROSA

Quien ha consagrado con sus ojos la belleza
está consagrado ya a la muerte.

 KARL  AUGUST VON  PLATEN

[…]
Tu deseo es beber esas hojas lascivas
o dormir en esa agua acariciadora.
No importa;
ya declaran tu espíritu impuro.

 LUIS  CERNUDA


Arde la tarde. Quema la arena de la playa.
Cuesta andar y me siento, envuelto
en la lúcida luz que atraviesa el espacio.

Unidad bajo la órbita de la tierra,
presencia duplicada de azul y fuego.
Todo es inundación de expansión luminosa
que despoja el sentido de lo real:

velámenes que frisan en el agua del mar,
el rumor de las olas desgranando la espuma,
la albura del fulgor desleída en el vaho:
llamaradas de signos prodigiosos
que flotan por mi cuerpo enfermo,
transformando mi alma doliente en dulce gozo.

Al mirar hacia el horizonte,
observo cómo el reverbero de la brisa y la espuma
junta el ir y venir de jóvenes
                                    que se agitan
                                            y juegan con el agua,
como vírgenes peces
que fecundan de verde
el fondo de las bocas.

                                      Las muchachas,
en ese juego trémulo de rotación carnal,
desbridan sus escamas
al ferviente contacto de la piel aún ambigua;

se abrazan satisfechas
por el hallazgo de un sentido nuevo
lleno de plenitud, que va creciendo
como quien busca
el reclamo de un fruto que divide
sus vientres y sus carnes.

Ante tanta belleza de fascinante hembraje,
siento brotar de abril mi pecho,
y mis ojos galopan entregados
al rosa malva de su piel de seda,
pues parecían ángeles ambiguos
—de aquellos que pintaba Leonardo da Vinci—,
o afroditas marinas,
hollando la jugosa arena
con sus danzas sagradas,
                                                  pero,
al destapar su herida la memoria,
se endurece tu mundo,
se concentra la fiebre en tu garganta
y no sientes la sangre
por estar ya licuada en el agua de un río
—deshabitado, etéreo—
incomunicable himno de lo bello distante.

Sigo viendo sus cuerpos semidesnudos,
sigo oyendo sus cantos de sirena
—cantos que vienen con su vuelo
de aparente pureza angelical—
con una excitación tan obsesiva
que me siento
un ser ridículo y grotesco,
un voyeurista inánime e impotente,
que no es capaz de distinguir
la realidad del deseo
en este templo tan sagrado
de los placeres prohibidos,
                                             mas
pronto noto que me desgarro,
que no penetra el aire en mis pulmones,
que ya no hay permanencia en mis sentidos,
y escucho,
como una revelada ensoñación,
una voz como oculta que me advierte:

…aquel que ha contemplado la belleza
está condenado a seducirla o a morir…

Y tras estas palabras,
que parecen nacer del fondo mismo
del agua putrefacta
de los canales venecianos,
presiento que me voy desintegrando
hacia otra dimensión,
pues comprendo
el mismo sufrimiento estéril
que habitaba en Gustav von Aschenbach.

Por eso, al acecharme
violentamente
el aire del siroco
con sus alas de sal y su pico de airón,
entiendo su mensaje de piedra en sombra:

…en todo el mundo no hay una pureza
más impura que la vejez…

por lo que me abandono
a mi ensueño de imágenes veladas,
entre la luz gozosa de mirar
a esas muchachas
y la triste verdad de este presagio,
mientras noto caer
por mis sienes
la misma gota de sudor
tintada y fría
que resbalaba por el rostro de Dirk Bogarde,
y a quien Visconti puso su mirada.

(Joaquín Riñón Rey, Memoria Crepuscular, Olélibros, 2018)

lunes, 21 de mayo de 2018

CARMEN VERGA Y JAVIER MOLLEDO


Dos buenos amigos, poetas, han colaborado con sus poemas en la edición del vídeo cuya carátula se acompaña. En él ha participado el Coro de Cámara de la Eliana y la música y dirección artística ha corrido a cargo de Andreu Soler.
     Los poemas de Carmen y Javier, respectivamente Sobre mi sien y La semilla ingrávida, han contribuido al éxito de la interesante edición.
     Mi más sincera felicitación y el deseo de que cundan experiencias como la presente.