(Composición de José Luis Villa) |
CRÓNICA DEL PRESENTE VIVIR
No guardaba en el cofre sobresaltos
ni en la alacena gestos alusivos
al estrago y espanto imprevisibles,
sino que la sorpresa y el terror
me habitaron por siempre, pues cundían
como un cesto de peces y de panes
o una lluvia de harina en la vigilia.
Invadiesen los santos generosos
en sueños de dulzura mis recreos
y aún retornaba eterna y pese a ellos
esa inconsciencia aleve del quejido
o mi medroso castañeo de uñas…
Y los malignos santos persistían.
En ocasiones vi que la amenaza
del fuego era mayor que el amplio seno
de la bondad universal o el corazón
más chico que las armas homicidas,
desmoronándose el castillo que en el aire
hubiera construido la ilusión creyente…
Y los malignos santos persistían
con sus malignos rostros, foca y chivo,
sobre los santos buenos y anulaban
con sus malignos actos la crecida
del agua en primavera y el deshielo…
¿Y cómo amar y a quién
si éramos todos oscura podredumbre?
Salir de nuestro yo era misión
a que obligaba algún dolor humano
esparcido en el tiempo, al viento dado…
Y abandonamos este barro tibio
del cuerpo en donde solo
malignos santos habitaban,
avariciosa sangre,
para sentirnos lejos de la sombra,
lejos por siempre de la sombra, y parte
de una noria inicial de sufrimiento
que se prolonga al aire de los siglos…
No hay comentarios:
Publicar un comentario